"TERRORISMO EN SAN PETERSBURGO"
- 4 abr 2017
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Pasadas las 2:30 horas del 3 de abril, se produjo una explosión en el metro de San Petersburgo, Rusia, costándoles la vida a 11 personas e hiriendo al menos a 36 más. El siniestro ocurrió unas horas después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, visitara la ciudad, quien más tarde expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas y se comprometió con encontrar a los responsables y entregarlos ante la justicia.
Aunque las autoridades no han dudado en considerarlo un atentado terrorista, ninguna persona u organización se ha atribuido aún el ataque. Si bien es claro que el ataque fue realizado con la intención de aprovechar la visita de Putin como plataforma mediática, el objetivo de éste no queda claro, abriendo paso a la especulación.
Una suposición que ya muchos están haciendo es que se trata de un ataque organizado por alguna célula de Daesh -el mal llamado Estado Islámico- o por alguno de sus partidarios, en reivindicación de las operaciones militares emprendidas por Rusia en Medio Oriente.
Dichas cavilaciones no serían infundadas, pues Moscú ha emprendido una dura campaña en contra de la organización terrorista más importante del mundo, ejecutando ofensivas tanto terrestres como aéreas. Asimismo, aún si Daesh no tomara responsabilidad por el ataque, el Kremlin podría culparle y usarlo como excusa para intensificar sus operaciones en Medio Oriente, aprovechando el periodo de inactividad de EEUU tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca para extender su influencia en la zona.
Por otro lado, aunque improbable en mi opinión, es posible que los separatistas chechenos hayan decidido retomar las tácticas que emplearon durante la década de 1990 y que azolaron a gran parte de Rusia.

El escenario más preocupante sería, sin embargo, una especie conciliación entre estas dos hipótesis. Es un hecho bien documentado que desde que inició el conflicto armado en Siria, Daesh ha estado reclutando combatientes extranjeros, quienes emprenden una breve campaña en la zona para después regresar a sus países de origen, adiestrados en nuevas tácticas militares y terroristas. También es bien sabido que el gobierno de Putin ha permitido que habitantes de su país salgan de Rusia para unirse a estas organizaciones, facilitando incluso el traslado en ocasiones, quizás con la esperanza de que perecieran durante el conflicto.
Sin embargo, me aventuraría a decir que esta estrategia le podría estar resultando contraproducente a Moscú, y que estos ex militantes de Daesh estén retornando a Rusia para cumplir con su propia agenda empleando los conocimientos adquiridos en Siria e Irak.
Por ahora sólo cabe esperar a que alguien declare responsabilidad del ataque y esperar la respuesta del Kremlin, la cual, tanto al interior como hacia el exterior, puedo asegurar sin temor a equivocarme, será veloz e inclemente.


















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