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"NUEVO MODELO EDUCATIVO (1)"

  • 4 abr 2017
  • 4 min de lectura


Una de las grandes apuestas de la actual administración federal ha sido la reforma educativa. En medio de estos cambios legislativos y su implementación, ha dejado gran parte del capital político con el que contaba al inicio de su gobierno.


En materia de educación todo indica que la lógica del gobierno federal y de la Secretaría de Educación Pública (SEP) se ha basado en la propiedad conmutativa de los números aplicada a la ciencia de la educación, en donde el orden de los factores no altera el producto, ya que primero se modificó el orden constitucional en materia de educación, se implementó una evaluación docente, acto seguido se “consultó” a la sociedad en general y a los maestros su opinión respecto de qué no funcionaba del sistema educativo nacional, para dar paso a los ajustes a la evaluación docente, luego presentar un “Nuevo Modelo Educativo”, y finalmente dar a conocer los cambios curriculares que se llevarán a cabo en la educación básica y media superior.


Bajo esta lógica, se ha presentado el Nuevo Modelo Educativo, el cual busca establecer un “nuevo planteamiento pedagógico, que requiere la reorganización del sistema educativo y de sus políticas públicas”, en suma, la SEP se prepara para una “revolución educativa”. Sin embargo, de la revisión del documento presentado surgen muchas dudas y resaltan grandes contradicciones respecto de su contenido.


En el breve análisis histórico que presenta, es correcto que durante el siglo XX los retos del Sistema Educativo Nacional fueron la cobertura y el acceso a la educación para toda la población, logros que fueron posibles gracias a la visión de Vasconcelos, Lázaro Cárdenas, Rafael Ramírez, Jaime Torres Bodet, entre otros, y hoy en día es innegable que en materia de cobertura en educación básica México ha tenido avances sobresalientes. Ahora, la Secretaría plantea que la educación en México para el siglo XXI requiere de “auténtica revolución de la educación”, para hacer que los niños, niñas y jóvenes se eduquen para la libertad y la creatividad. Sin embargo, resulta paradójico que se pretenda una revolución de esa naturaleza, bajo esquemas de organización de la misma Secretaría y de todo el sistema educativo tan burocráticos y autoritarios, es decir ¿Se pretende formar estudiantes para la libertad y la creatividad bajo un sistema educativo autoritario y vertical, donde a los docentes se les reprime por criticar, organizarse y protestar? ¿En verdad buscan ciudadanos formados para la libertad en un país donde la libertad de expresión y las voces críticas del gobierno han sido censuradas?


Asimismo, el documento señala que el Nuevo Modelo Educativo se basa en el pensamiento humanista, al cual lo describe como la oportunidad para que los seres humanos “no estén sometidos a leyes inexorables de la historia, el mercado o la naturaleza, sino que puedan hacerse a sí mismos, conocer el mundo y dirigir el curso de la historia de acuerdo a ideales afines a la libertad y la dignidad humanas”, sin embargo, este planteamiento resulta contradictorio si lo vinculamos con la realidad que vivimos a diario la inmensa mayoría de mexicanos. Un país sumergido en la violencia, la corrupción, la impunidad, pobreza, desigualdad, con una democracia electoral simulada, una clase política enriquecida y un gobierno de oídos sordos, ¿A caso cabe el humanismo? ¿Cómo puede un docente explicar a sus estudiantes la importancia de creer y vivir bajo el pensamiento humanista, cuando en su vida cotidiana son víctimas de la violencia estructural que contradice todo planteamiento teórico?



Por otro lado, una las primeras críticas que ha sufrido el Modelo presentado ha sido su aparente desconocimiento de los principios pedagógicos que al día de hoy sustentan al Sistema Educativo Nacional. En el intento de justificar los cambios “pedagógicos”, señala que en un “mundo cambiante los pilares de la educación del siglo XXI son aprender a aprender y conocer, aprender a ser, aprender a convivir y aprender a hacer”, sin embargo, quienes nos dedicamos a la enseñanza de sobra sabemos que este no es un planteamiento nuevo, por lo tanto resulta poco innovador, sobre todo cuando en las reformas de 1998, 2006 y 2011 ya se había definido que la práctica educativa requiere de estos 4 pilares de la educación que Delors había planteado a mediados de los años 90´s.


De igual modo, resulta paradójico que el Modelo Educativo plantee como una innovación “de los estudios más recientes en materia educativa” el desuso del conductismo, a los maestros se nos ha insistido al menos desde hace más de tres décadas en los planes y programas la práctica del constructivismo y más recientemente el trabajo por competencias, enfoques que tampoco resultan novedosos e innovadores, pero que en el contexto del Modelo presentado, demuestran el desconocimiento de quien lo plantea. En este sentido es importante preguntarse ¿Cómo deben entender estas inconsistencias (por decir lo menos) los maestros? ¿De verdad la autoridad educativa ha pretendido presentar un nuevo modelo o solamente es la justificación al cambio normativo? ¿Los cambios pedagógicos responden a una lógica meramente educativa o son la simulación que justifican los cambios normativos a la seguridad laborar de los maestros?


El Nuevo Modelo Educativo ha empezado con el pie izquierdo, salvo las voces del gobierno y sus allegados, ha recibido fuertes críticas y no tuvo gran impacto social como lo esperaban. Quizá mucho tiene que ver con estas incongruencias planteadas, porque resulta difícil creerle a un gobierno que trabaja con la lógica de la propiedad conmutativa, pero sobre todo que se empecina en demostrar día con día, que lo menos importante para ellos, es el futuro de la niñez mexicana.

 
 
 

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