"Hillary vs. Trump ¿1-1?"
- 10 oct 2016
- 3 min de lectura

Hillary Clinton gana el segundo debate presidencial y asegura la victoria en las urnas. O eso podríamos decir si siguiéramos aquella máxima sobre los debates que el ganador se determina en los primeros treinta minutos.
Sin embargo, dado que mi intención es ofrecer el cuadro completo, es necesario analizar el debate en toda su extensión y no concentrarse tan sólo en una fracción de este.
Para poder comprender lo acontecido anoche es necesario hacer un breve recuento de los sucesos de la semana pasada, los cuales dictaron buena parte de la agenda del fin de semana y del debate como tal. El pasado viernes, el Washington Post publicó un video de 2005 en el que Donald Trump hacía una serie de comentarios sexistas en los que se jactaba de poder de propasarse con las mujeres, haciendo uso extenso de un lenguaje bastante vulgar y para nada apropiado para un candidato a ocupar la Casa Blanca.
Después de que se dio a conocer este material, la crítica no se hizo esperar y un gran número de políticos del Partido Republicano le retiraron su apoyo a Trump, hiriendo profundamente su campaña. De igual manera, la primera media hora del debate los moderadores cuestionaron duramente a Trump, obligándolo a hacer algo que no había hecho hasta ahora: pedir disculpas.
Por supuesto que Trump no se dejaría acorralar tan fácilmente, así que lanzó un golpe bajo para tratar de recuperarse. Previo al debate, convocó a una rueda de prensa con un grupo de mujeres que acusan a Bill Clinton de acoso sexual, tratando de menoscabar la imagen tanto del expresidente como de su esposa.
Si el megalómano creyó que esto le ayudaría a recuperarse, claramente se equivocó, pues esta táctica fue vista por los medios con desdén, y en opinión del autor, como simples patadas de ahogado. Asimismo, sus constantes intentos de cambiar el tema hacia los correos borrados por Hillary y su papel en la aparición del Estado Islámico durante su gestión como Secretaria de Estado no hicieron más que evidenciar su desesperación. Hillary ganó con holgura la primera parte del debate sin apenas hablar.
Por otra parte, una vez terminada esta primera fase y se dio inicio a la ronda de preguntas y respuestas, se produjo un cambio interesante. Pareciera que los ataques de Trump a Hillary surtieron efecto y lograron hacer que esta perdiera su ventaja lo suficiente como para que ambos lucharan en condiciones más o menos equitativas ante los cuestionamientos del público. El hecho que el magnate se mantuviera más calmado que en el debate anterior y se mostrara “más presidencial”, como le gusta decir a la prensa estadounidense, también le ayudó en apariencia.
Sin embargo, Hillary se impuso en cuanto a contenido, al exponer de manera precisa sus políticas, mientras lanzaba uno que otro ataque a Trump, quien, por supuesto, quedó a deber. Política exterior, seguridad social, política energética y combate al terrorismo fueron algunos de los temas más importantes de la noche. Entre todos ellos, el único en el que se podría decir que Trump dio batalla fue política exterior, al sugerir que EEUU y Rusia cooperen para destruir al Estado Islámico, lo cual no es del todo una mala idea.
La mayor ovación, curiosamente, no se la llevó ninguno de los candidatos, sino el caballero que presentó la última pregunta del debate, durante la cual pidió que ambos dijeran algo que admiraran del otro. Por supuesto que los dos aprovecharon la oportunidad de lanzar insultos disfrazados de cumplidos. Hillary elogió a los hijos de Trump, mientras que este le reconoció su “espíritu de batalla” y que no se echa para atrás, aun cuando las circunstancias no le son favorables.
El debate concluyó con una pequeña victoria para Hillary, quien en realidad tenía que hacer poco para triunfar. Al contrario, habrá quienes puedan argumentar que se trató de un empate técnico, o incluso una victoria para Trump, pues el hecho que pudiera mantenerse calmado (para sus estándares) y que lograra aterrizar algunos puntos sobre su proyecto político ya es todo un logro para él.
Sin embargo, si fuera acertado este último escenario, considero que se trataría de una victoria pírrica, que hará poco o nada para revertir la estrepitosa derrota del magnate en las urnas dentro de un mes. La fuga de apoyos que experimentó la campaña de Trump este fin de semana no es más que el toque final para una campaña destinada al fracaso, el cual se ha estado preparando gracias a su discurso excluyente, que ha dejado fuera prácticamente a todos aquellos que no sean iguales a él, hombres blancos sin ningún tipo de educación.


















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