"AYOTZINAPA 3.0"
- 10 oct 2015
- 4 min de lectura
@JJAragonGomez
Han pasado los días y simplemente no aparecen. El caso de los estudiantes normalistas de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa y su desaparición entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 ha sido motivo de una especulación: ¿Quién lo hizo y por qué? Preguntas que, hasta la fecha, no han tenido respuesta satisfactoria para los padres de aquellos educandos.
Lo cierto es que dentro del panorama político hay actores e instituciones de carácter partidista que han intentado sacar provecho (algo muy sucio) de aquel suceso. También, bajo los mismos rubros, los medios de comunicación de mayor audiencia en México han intentado, a toda costa, convertir el suceso en una cacería de brujas: desde aquel suceso, no dejan de atacar a la oposición, a la par de que apoyan (y redirigen así la opinión pública) al discurso gastado del malogrado Enrique Peña Nieto, que desde que tomó el poder, se enfrenta día a día, a la caída de su popularidad por las medidas antipopulares que ha adoptado.

Todos quieren ganar algo en esta tragedia que ha cimbrado durante los últimos meses al país. Por un lado, hay quienes pretenden hacer creer que en realidad no hay partido político culpable, que todos los que ostentan un cargo de elección popular son honestos, y que todo se trata de un complot para arruinar carreras políticas “meteóricas y brillantes”.
Lo cierto es, en ese supuesto, que en realidad hay una gran crisis dentro de los partidos políticos en la cual nadie puede salirse del renglón, es decir, nadie puede salirse de la orden de la dirigencia nacional y sus intereses. Coartando directamente el poder de la actuación, desde el candidato plurinominal hasta el dirigente nacional, todos están sujetos a órdenes que, de no ser obedecidas, calificarían dentro de la traición militante. Por otro lado, la corrupción existente en el Estado, y los numerosos casos en los que gobernadores, presidentes municipales, y otros funcionarios públicos de cualquiera de los tres niveles de gobierno, es evidente y está en crecimiento: todos los días escuchamos de enriquecimiento ilícito, de nexos con el crimen organizado y de cinismo en el discurso, donde intentan probar su inocencia y decir que todo es una descalificación, cuando los hechos hablan por sí mismos.
Las movilizaciones, que a la par se desarrollan tanto a nivel nacional como internacional, han acabado poco a poco con el clima de progreso y seguridad que varios miembros del gabinete presidencial han presumido. Sin embargo, también existe el clima de la intolerancia: un supuesto hartazgo de algunos sectores de la población guerrerense (politizados, claro, por el partido que siempre ha hecho de las suyas para minimizar o deslegitimar a los movimientos sociales) deja entrever que en realidad el movimiento de los padres de los normalistas desaparecidos es una maniobra desestabilizadora. Pero habría que preguntarse si a una persona le desaparecen un hijo y exige que le den señas de su paradero, ¿se convierte también en un desestabilizador?

Recordemos que carecer de estabilidad política no es cosa de la población, pues ésta no la inicia: si no hay justicia pronta y expedita, si no hay empleo, si la economía se está derrumbando día con día, si la Libertad de Manifestación recibe en vez de diálogo infiltración policiaca y militar y respuesta inmediata de ola represiva, si la Libertad de Expresión es sinónimo de asesinato de periodistas y si se habla de progreso cuando vemos pobreza en incremento, no podemos hablar, entonces, de estabilidad política.
En el caso que nos atañe, no podemos decir que el movimiento de los padres de los normalistas es desestabilizador, puesto que han pasado ya los meses y los días, las horas y los minutos, y no hay respuesta satisfactoria. Simplemente, hemos escuchado teorías falsas (puesto que no se han demostrado, por medio del peritaje argentino y alemán) de la versión de la autoridad mexicana de la quema de cuerpos en un basurero de Cocula, y que incluso, científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México, han desmitificado. Lo cierto es, que uno de los diarios más importantes del país, sacó fotografías e informes de las bitácoras del Ejército, aludiendo claramente a la participación del cuerpo castrense en aquel día tan aciago de septiembre de 2014.

¿Fue el Estado realmente? Varios discursos de Peña Nieto nos hacen pensar que algo andan ocultando, algo más allá de la detención de la narco-familia Abarca. De no ser así, ¿por qué el discurso del hombre que encabeza el poder ejecutivo federal insta a superar, con miras al olvido, lo que ha pasado con los estudiantes normalistas de Ayotzinapa? ¿Por qué el general Cienfuegos, titular de la Secretaria de la Defensa Nacional (SEDENA), habla tanto del desprestigio de la institución? Son preguntas que, al aire, todos podemos notar que tratan de justificar la historia que hay detrás de ellas.
Justamente el 11 de Marzo del presente año, salió una nota tan fugaz como preocupante, que casi ningún diario ni medio se atrevió a retomar: el Archivo General de la Nación, por órdenes expresas, seguramente, de la Secretaría de Gobernación, cerró, como en aquellos años en los que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) negaba los hechos de la Guerra Sucia, la sala donde se podían consultar aquellos archivos que demuestran la brutalidad y sin razón del Estado actuando contra la población civil organizada y contra la guerrilla guerrerense de aquellos años.
También, podría decirse que pretenden que la gente no se entere más de lo que paso el 2 de Octubre de 1968 (cabe destacar, que los archivos que se encuentran en el lugar donde antes era “el Palacio Negro” y donde se encarcelaron y torturaron a importantes líderes sociales, son apenas, de aquel caso, la punta del iceberg) o del suceso conocido como el halconazo. Se pretende borrar de la memoria, o de la Historia Nacional, hechos que hoy más que nunca, demuestran que el “nuevo PRI” no es nuevo, sino sigue siendo el mismo partido que condujo por muchos años al país al atraso y a la violencia.

Ayotzinapa y sus estudiantes, se unen a una larga lista de sucesos en los que se pretende dar un carpetazo y decir que nada pasó. Se une también, a la encrucijada histórica del país de los últimos 14 años, donde la violencia ha sido el modus operandi de un Estado incapaz de solucionar los problemas de forma y fondo. Se une a la Historia del pueblo guerrense, como una llaga más de las heridas del pasado que nunca han podido sanar.


















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